Las apariciones marianas siguen un plan divino

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Dios es el sumo orden, por lo que nada debe extrañar que todas las apariciones marianas de los últimos siglos sean parte de un plan divino minuciosamente trazado desde antiguo y dirigido a conseguir que fructifique la obra de la Redención en los hombres. Cada una de las apariciones marianas es como un eslabón de una cadena que une a Dios con el hombre. Pero también me gusta asemejar dicho plan celestial a un puzle en el que cada aparición, Guadalupe, La Salette, Lourdes, Fátima o Garabandal,  proporciona una o más piezas que forman una imagen final. Con esto no quiero decir que una aparición concreta de la Virgen carezca de sentido por sí misma, sino que además de ello, su mensaje local contribuye a dar otro más profundo y global que excede al de la primera interpretación, al modo que el objetivo de un puzzle no es mostrar cada una de sus piezas sino una imagen de conjunto. Asimismo, cualquier imagen, un cuadro, una foto, etc., tiene un foco o motivo central en el que se fija nuestra mirada y nuestra atención al verla. Por tanto, podemos preguntarnos, ¿cuál es el centro de interés de la imagen que forma el conjunto de las apariciones marianas? En mi opinión tiene que ser mostrar el motivo central de la Obra de la Redención, de uno u otro modo.

Videntes de Apariciones Marianas: Guadalupe, Rue du Bac, La Salette, Lourdes, Fatima, Amsterdam, Garabandal, MedgujorgeUno de los caminos que ayudan a descubrir este motivo central de la imagen de conjunto que forman las apariciones marianas, es decir del objeto del plan divino que siguen, es indagar en el significado de los nombres de los videntes escogidos por Dios en cada uno de esos lugares de aparición. La razón se encuentra en que en la Sagrada Escritura el nombre de las personas, animales u objetos creados no es algo aleatorio y casual sino que se relaciona con lo más íntimo de su ser y el significado de su misión divina y en ocasiones se asigna de un modo solemne. Así Yahvé Elohim trajo ante Adán todos cuantos animales del campa y cuantas aves del cielo formó de la tierra, para que viese cómo los llamaría, y fuese el nombre de todos los vivientes el que él les diera. Adán, con la ciencia que tenía antes del pecado original, dio nombre a todos los ganados y a todas las aves del cielo y a todas las bestias del campo (Gen. 2, 19-20)

Del mismo modo, Dios creó las estrellas como signos (Gen. 1,14)o señales, es decir como referencias con un sentido concreto.  Para que conociéramos su sentido, asigna y llama a cada estrella por su nombre(Is. 40, 20 y Sal. 147, 4) Así pues, a través del significado de los nombres de las estrellas, los cielos pregonan la gloria de Dios y el firmamento anuncia las obras de sus manos, el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche transmite la noticia. Sin que hablen, sin que se les oiga, sin que resuene su voz, su pregón llena la Tierra (Sal. 19, 1-4) El nombre de las estrellas es más antiguo que la propia Sagrada Escritura y su significado así como las figuras de las constelaciones que forman, casi no ha variado desde las culturas más antiguas. Los Reyes Magos, verdaderos sabios de la antigüedad, no conocían la Sagrada Escritura, pero entendieron ese mensaje divino en las estrellas y gracias a ese conocimiento fueron los primeros en saber dónde y cuándo nació el Redentor, su doble naturaleza divina, porque le llevaron incienso, y humana, porque le regalaron mirra, sus futuros sufrimientos, señalados de nuevo por la mirra, y su futura victoria como Rey, pues le regalaron oro (Mat. 2, 1-11) Y gracias a ese conocimiento, que Dios bendijo permitiéndoles encontrar a Jesús, buscaron, amaron y adoraron al Dios hecho hombre.

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